
China cuenta con una gran variedad de formas locales de ópera, hasta unos 1.300 tipos. La de Sichuan (川剧 ‘Chuanju’) es la forma más antigua entre estas óperas locales y es propia de dicha provincia, Sichuan, y de algunas regiones de Yunnan y Guizhou.
Como forma de entretenimiento escénico, este tipo de representación reúne las ideas de tiempo y espacio para la audiencia a través de una puesta en escena. Esta ópera se caracteriza por sus peculiares ‘solos’, refinadas técnicas de actuación, la riqueza de la percusión y el sentido del humor de sus cómicos.
Además, la Ópera de Sichuan también ofrece muestras de destreza, como escupidores de fuego, bailes de ‘cambios de cara’ o malabaristas con fuego. Muchas compañías de Ópera de Sichuan son especialmente activas y recorren la provincia, visitando tanto las zonas rurales como las urbanas. Las más valoradas por su calidad son las compañías de Chengdú, la capital sichuanesa.
El espectáculo conocido como ‘Bianlian’ (变脸, literalmente, ‘cambio de caras’ o ‘caras cambiantes’) es un importante elemento del patrimonio cultural intangible de China. Sólo algunos maestros han conseguido dominar a la perfección esta técnica escénica.

Las ‘caras cambiantes’ consisten en una danza en la que el bailarín, mediante movimientos rápidos sucesivos, va cambiándose de máscaras a la vez que danza, ejecutando movimientos de brazos y giros con la cabeza, con los cuales las máscaras pintadas cambian una y otra vez, como por arte de magia.
Este tipo de número comenzó hace 300 años. Al principio, los maestros de la ópera cambiaban el color de sus rostros durante las actuaciones soplando en un cuenco con polvos de colores rojo, negro o dorado. Los polvos se adherían rápidamente a la piel, previamente untada con grasa. Otro método consistía en que los actores se frotaban la cara con pasta de colores que llevaban escondida en la palma de las manos.
En la década de 1920, los maestros de la ópera comenzaron a utilizar diferentes capas de máscaras superpuestas, hechas de papel aceitado o pellejo de cerdo seco. Durante la actuación, los maestros las iban retirando una tras otra en un abrir y cerrar de ojos.
En la actualidad, los bailarines utilizan máscaras de seda completamente pintadas que llevan en capas. Pueden llegar a ponerse hasta dos docenas de máscaras superpuestas, que van retirando una a una.
Ver la película ‘El Rey de las máscaras’ de 1996, del director Wu Tianming, que narra la vida de un viejo maestro del ‘bianlian’, es una buena forma de conocer un poco más este arte.



