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China, un oasis de tranquili "té"

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Beijing es una ciudad frenética donde la gente corre para llegar al trabajo, el metro y las carreteras siempre están abarrotadas y a veces el aire es tan oprimente que parece que la vida diaria se convierte en un gran reto que pone a prueba nuestras capacidades físicas y psíquicas. Pero China es también un país con una gran tradición armónica, ceremonial, y de gusto por las actividades destinadas a cuidar la salud y los momentos de contemplación.

Los extranjeros que llegan a Beijing, al igual que los chinos que viven aquí cada día, necesitamos a veces encontrar esos remansos de paz que nos ayudan a continuar con ese extenuante ritmo diario. Si le preguntas a un extranjero qué es lo que él hace para relajarse y liberar tensiones la mayoría responderá hablando de deporte, paseos en la naturaleza, ir a beber con los amigos..., incluso habrá quien responda que tomarse una buena taza de café en una bonita cafetería dejando pasar el tiempo sin preocuparse de qué hora es puede ser su actividad favorita para calmar el cuerpo y el alma.

En la China actual, he podido ver que la cultura del café está entrando también con bastante fuerza, pero, para mi deleite, fue maravilloso encontrar en cambio unos lugares que para mí representan una grandiosa fusión entre la China de ayer y la de hoy, lugares que encierran fantásticas tradiciones de la China más milenaria guardadas en pequeñas latas de té y que representan además un lugar de encuentro entre gente de todo tipo, amigos y otros que se convertirán en amigos también, lugares en los que parece que no pasa el tiempo y en los que la conversación se desliza como el chorro de agua caliente que moja las preciadas hojas del té. Es un placer para mí poder hablar aquí de ese oasis de tranquilidad y tradición que representa para mí una casa de té china.

La primera vez que me acerqué a la pequeña tienda de té de la señora Li fue de la mano de una amiga china. Ella me invitó a conocer la tradición del té y me invitó a pasar la tarde en la tienda de su amiga. Allí fui recibido con una hospitalidad que para mí representa una de las mejores cosas que tiene China y que creo que no se debería perder nunca.

Juntos, probamos varios tipos de té, un añejo Pu-Erh de Yunnan, unas hojas jóvenes del mismo tipo de té pero con un sabor totalmente diferente, té verde, té blanco, té negro..., las hábiles manos de la señora Li manejan con destreza el juego de tazas que bailan sobre la mesa de madera y sorbo a sorbo va fluyendo la conversación acerca de los beneficios de esta bebida tan antigua como la propia China.

Además es este un lugar de encuentro en el que durante horas se tratan temas de todo tipo: sociedad, salud, costumbres, trabajo, de una forma casi mágica y ayudados por la embriaguez que proporciona el té de gran calidad nos adentramos en una sesión de relax y entretenimiento que nos hace olvidarnos incluso de que estamos en una gran ciudad de ritmo tan frenético.

El té, en estas sesiones, viene también acompañado de frutos secos, fruta y demás snacks que nos ayudan a mantener la energía y satisfacer el apetito que algunos tés despiertan. Y es que la cultura del té es tan amplia que solo hablando de la historia y los beneficios de esta legendaria hierba nos podríamos pasar toda la tarde sentados en una de esas hermosas sillas de bambú con una bella taza de porcelana entre las manos.

Pero si algo puedo destacar de esta grata experiencia de compartir té con amigos chinos en tan interesante lugar, es el propio hecho de poder conocer gente nueva, amigos de amigos que pasan por allí o que nos encontramos sentados a la mesa.

Como extranjero es un placer poder disfrutar de esa compañía y poder llevar a cabo una conversación en ese idioma, el chino, con el que luchamos cada día por poder aprender y mejorar. En la casa de té hablamos con chinos de verdad, en chino de verdad, y sobre temas reales de la vida cotidiana. Es la mejor clase de conversación que cualquier estudiante de idiomas puede imaginar.

Es para mí una de las experiencias más auténticas que puede ofrecer este gran país, y desde luego, es algo que no sería fácil de encontrar en países de Occidente, por lo que representa un interesante atractivo para cualquier visitante extranjero.

Ahora, después de varias visitas a la pequeña tienda de té, soy yo el que llevo a nuevos amigos occidentales a conocer ese lugar y experimentar esas sensaciones. Y así continuamos una cadena, una cadena de hospitalidad y buenas costumbres que no deja indiferente a nadie y que ayuda a mantener una hermosa tradición milenaria.

Además, dando muestra una vez más de la gran hospitalidad de mi amiga Li, siempre que me acerco a su tienda acabo llevándome algún regalo en forma de hojas de té que me han convertido, todavía más si cabe, en un gran amante de esta delicada bebida.

En definitiva, me encanta la tradición de disfrutar de una o varias tazas de té en un lugar tan especial. Un reencuentro dentro de la gran ciudad con los sabores y sensaciones que vienen de lugares misteriosos de las montañas y los bosques más antiguos de China. Si tuviera que definir las sensaciones que produce una tarde en una casa de té en unas pocas palabras elegiría sin duda: hospitalidad, sabor, conversación. Creo que las nuevas generaciones no deberían dejar de admirar y disfrutar todo lo que la cultura del té representa, algo que significa salud, buenas costumbres, historia y tradición y que, además, fascina a los occidentales que nos adentramos curiosos en este país lleno de sorpresas.

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